Eficacia de los macrólidos en enfermedades respiratorias crónicas

Eficacia de los macrólidos en enfermedades respiratorias crónicas

Existen indicios de que el tratamiento prolongado con macrólidos podría ser de utilidad en diversas enfermedades inflamatorias crónicas de las vías aéreas, confirmados sólo en la panbronquiolitis

La comunicación de un paciente con panbronquiolitis difusa (PBD) que mejoró sustancialmente con el tratamiento con eritromicina despertó un nuevo interés por la posible utilidad de estos fármacos en otras enfermedades inflamatorias respiratorias. La PBD es una enfermedad inflamatoria progresiva que aparece casi con exclusividad en pacientes japoneses. Clínicamente, se caracteriza por tos, producción excesiva de moco, disnea con el ejercicio, sinusitis crónica y colonización por Pseudomonas aeruginosa. El pronóstico de la PBD es desfavorable; los pacientes fallecen por el deterioro pulmonar progresivo funcional y estructural (bronquiectasias). El tratamiento prolongado con macrólidos se ha asociado con mejoría significativa de la supervivencia a los 5 años, posiblemente por efectos que no tienen que ver con la actividad antibacteriana. De hecho, la mejoría es independiente de la presencia o ausencia de infección crónica de las vías aéreas y aun cuando la concentración del antibiótico está por debajo de la concentración inhibitoria mínima.

La acción antiinflamatoria de los macrólidos depende de su estructura y sólo se observa con algunos agentes de esta familia (eritromicina, claritromicina, roxitromicina y azitromicina, entre otros). Es posible que los macrólidos reduzcan la inflamación bronquial por diversos mecanismos, entre ellos, disminución de la acumulación de neutrófilos. No obstante, no debe olvidarse que el uso prolongado de estos fármacos puede asociarse con efectos adversos sobre el corazón y con inducción de resistencia antibacteriana. Aunque el papel de la terapia con macrólidos en la PBD ha sido confirmado, la utilidad de estos fármacos en otras enfermedades es menos clara.

Resultados de Ensayos Clínicos para enfermedades inflamatorias crónicas

Fibrosis quística
Estudios aleatorizados, a doble ciego y controlados con placebo, revelaron efectos favorables a partir del tratamiento con macrólidos en niños y adultos con fibrosis quística (FQ). Los sujetos fueron asignados a tratamiento con 250 mg o 500 mg diarios de azitromicina (según el peso corporal) o placebo, tres veces por semana, durante 24 semanas. Se comprobó mejoría del 4.4% del VEF1 (volumen respiratorio forzado en el primer segundo) en el grupo de tratamiento activo y declinación del 1.8% en el grupo placebo. También se registró una mejoría importante en la capacidad vital forzada. Además, en los participantes que recibieron azitromicina se verificó más aumento de peso y tuvieron menor riesgo de exacerbaciones. Las náuseas, la diarrea y las sibilancias fueron los efectos adversos más comunes en el grupo de tratamiento activo.

Bronquiectasias
En una investigación en 39 pacientes, la administración de roxitromicina se acompañó de reducción importante de la reactividad de las vías aéreas en niños con bronquiectasias. Si bien no se registraron modificaciones en los parámetros espirométricos, la purulencia del esputo se redujo considerablemente en el grupo de tratamiento activo. Otro estudio evaluó el efecto de la eritromicina en dosis de 500 mg dos veces por día durante 8 semanas en pacientes adultos estables con bronquiectasias idiopáticas graves. Los sujetos asignados a eritromicina presentaron mejoría del VEF1, la capacidad vital forzada y el volumen de la expectoración. Un estudio controlado con placebo en niños reveló que la administración de claritromicina durante 3 meses no se asoció con cambios en el VEF1, aunque sí con mejoría del pico de flujo espiratorio medio (PFE25-75); además, el volumen de esputo se redujo y se comprobó el descenso de la concentración de la interleuquina (IL) 8 en el lavado broncoalveolar (LBA).

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica
La claritromicina en enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) moderada a grave, comprobó mejoría significativa en el puntaje sintomático del St. George’s Respiratory Questionnaire y en el cuestionario de calidad de vida de 36 secciones.

Rinosinusitis crónica
Un estudio en pacientes con sinusitis persistente después de la cirugía reveló mejoría sustancial del tiempo de tránsito de la sacarina en relación con el tratamiento con eritromicina. Los síntomas nasales –congestión, rinitis y cefaleas– mejoraron considerablemente con el antibiótico.

Asma
Estos fármacos serían beneficiosos por su actividad antibacteriana, las modificaciones en el metabolismo de los corticosteroides y la actividad antiinflamatoria. Un estudio que abarcó 18 niños con asma grave dependiente de esteroides reveló disminución significativa de la necesidad de corticosteroides por vía oral en relación con el uso de troleandomicina; no obstante, no se observaron mejorías en el VEF1 (volumen respiratorio forzado en el primer segundo). La troleandomicina reduce la depuración de la metilprednisolona; tal vez este mecanismo explique la menor demanda de corticoides en estos pacientes.
Se considera que la infección crónica por bacterias atípicas podría desempeñar un papel en la patogenia o en la gravedad del asma grave.

publicada por: Noemi lópez

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